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Os personagens principais vividos por Martín Piroyansky e Adriana Aizemerg/foto: divulgação

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28.06.2011

“La Vieja de Atrás” es un relato triste y afectuoso de universos muy alejados

 

La distancia entre la vida de un joven universitario que tiene el sueño de ser médico y una señora viuda puede ser medida por el espacio de un corredor estrecho de un edificio de clase media argentina. En La Vieja de Atrás, que fue exhibido durante la noche del lunes, en la Muestra de Largometrajes Mercosur, universos solitarios, pensamientos opuestos y modos de vida diferentes se mezclan en una experiencia única en la trayectoria de la vida de los personajes.

Escrito y dirigido por Pablo José Meza, una película que cuenta la historia de Marcelo (Martín Piroyansky, de XXY), un estudiante de medicina que vino del interior de Argentina y, sin dinero y sin amigos, es obligado a distribuir folletos en la calle para conseguir mantenerse en la gran ciudad. En el apartamento de atrás del edificio donde vive, vive doña Rosa (la experimentada Adriana Aizemberd, de películas como Mundo Grúa y O Abraço Partido), una viuda que tiene la manía de dejar la ventana siempre cerrada y hablar mal de la vecindad. Cuando Marcelo es obligado a salir del apartamento, Rosa lo invita para vivir con ella. En cambio, apenas le pide que conversen siempre antes de dormir. Es de esta forma que la psicología de los personajes es cuidadosamente desenrollada. Pasamos a comprender los deseos de Marcelo de ser un profesional exitoso, tener una vida confortable y estar con la chica del metro, al mismo tiempo en que pensamos graciosos los comentarios malhumorados de Rosa, una señora que, como cualquier uno de nosotros, necesita compañía y alguien con quien conversar.

Poco a poco, la tensión se establece en la pequeña casa – siempre obscura y llena de objetos viejos. El pequeño apartamento es el testimonio de la gran distancia entre ellos. Y de este encuentro, ambos salieron cambiados para siempre. Pero esta relación está lejos de ser fácil o alegre. Al contrario. En la película, ninguna sonrisa se forma completamente en la boca de los personajes. Ellos solo quieren sobrevivir. Es como, reflexiona un de los personajes en dado momento de la proyección: “Aquí, es muy fácil que los originales sean perdidos en el medio de la copias”. La simplicidad es emotiva, triste y silenciosa.

 

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